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22nd of July 2018

Internacional



Las opciones para rescatar a los niños atrapados dentro de cueva en Tailandia

Lo que se pensó sería una protección temporal de una llovizna se convirtió en una tragedia. El pasado 23 de junio, doce niños pertenecientes a un equipo de fútbol y su entrenador ingresaron a las cuevas de Tham Luang, en Tailandia, cerca de la frontera con Myanmar.

El techo que les brindaba la entrada a ese laberinto de diez kilómetros parecía la respuesta para resguardarse de la lluvia, que es típica en este periodo del año en la región, debido a un fenómeno conocido como monzón. Pero una gota llevó a otra y el gran aguacero inundó su refugió.

Huyendo del agua ingresaron a la cueva, pero el nivel crecía cada vez más y terminaron atrapados a cuatro kilómetros de la entrada de la gruta. La lluvia inundó los caminos que están llenos de estalactitas, que son las masas en forma de picos que se forman en el techo a causa de la acumulación de minerales.

Como si este escenario no fuera lo suficientemente devastador, donde no hay agua hay lodo y el acceso es complejo. Las autoridades tailandesas no saben con exactitud cómo llegó al equipo hasta ese punto, pero lo que está claro es que harán todo lo posible para auxiliarlos.

Los menores de edad fueron encontrados el lunes por el equipo de socorristas, que ha articulado a más de 1.300 personas. Aunque ya saben su ubicación exacta, solo pudieron llevarles comida y acercar tanques de oxígeno a las cámaras que hay cerca al oscuro rincón de la cueva que ahora los alberga. ¿La razón? Sacarlos de allí podría tardar meses.

La agencia AFP reseñó los posibles caminos para su rescate y todos representarían un reto para las autoridades.

Drenar la cueva es la primera opción, pero tardaría meses y las condiciones del agua son variables porque las lluvias hacen que el nivel suba constantemente, mientras los socorristas intentan drenar el líquido desde afuera.

La segunda, y hasta ahora la más opcionada, sería enseñarles a bucear en condiciones peligrosas, por caminos estrechos y totalmente oscuros. Sin embargo, ese trabajo también tardaría varios meses y los organismos de socorro no se atreven a dar una fecha exacta para el operativo de rescate. Se calcula que implicaría verificar que los niños estén en condiciones físicas y mentales aptas para arriesgarse a esa travesía. Además, se trata de la misión de este tipo más difícil en la historia reciente en Tailandia.

El apneista neozelandés Walid Boudhiaf explicó que bucear no es fácil ya que requiere conocimiento en el manejo de un equipo de buceo y la distancia que recorrerían los niños serían imposible alcanzarla sin respirar. Comenta que al entregar un tanque de oxígeno a alguien que jamás se ha sumergido en estas condiciones la persona puede entrar en pánico y que “el buceo en cuevas es considerado como el más peligroso que existe en la actualidad y requiere de cierta experiencia”.

Como Boudhiaf, el buzo colombiano Hernán Darío Rodríguez coincide en el nivel de dificultad de semejante hazaña, especialmente porque se desarrollaría en la oscuridad. Rodríguez explica que “lo más importante que necesitan los niños es una persona que les enseñe con paciencia y en quien los pequeños puedan depositar toda su confianza”.

Sin embargo, rescata que los niños tienen menos miedos que los adultos, hecho que podría facilitar su proceso de aprendizaje.

Ben Reymenants, uno de los buzos encargados de la misión, señaló que los menores de edad “se encuentran mentalmente estables y el entrenador ha tenido el ánimo suficiente para mantenerlos juntos”. Testimonios como ese, de quienes lograron acceder al islote, en el que están han llenado de esperanza a las personas que aguardan a las afueras de Tham Luang a la espera de noticias de los niños. Padres, familiares y amigos que se comunican con ellos por medio de llamadas.

Mientras los adultos ansían ver a sus hijos, los pequeños ruegan por tener de regreso a sus compañeros de clase. “Déjenlos volver para jugar al fútbol con nosotros, los echamos de menos”, pidió Tilek Jana, un niño de 14 años, quien estudiaba con algunos de los jóvenes atrapados. Su clamor es el mismo de decenas adultos que esperan angustiados un rescate y del de niños que intentan entender el por qué sus compañeros no están junto a ellos.

Por ahora, las trece personas recibirán asistencia en la cueva, a la espera de que las autoridades estudien cómo y cuándo será el rescate .

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